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Intermission


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Piazzolla 100 años

El año que  viene se cumplirá un siglo desde el nacimiento de Piazzolla, el 11 de marzo de 1921. La ocasión es propicia para una visión retrospectiva, un balance y un homenaje. El Quinteto Astor Piazzolla promueve la puesta en valor de la obra del gran compositor e intérprete de la mejor manera posible: haciendo que suene en vivo nuevamente y acercándola a nuevos públicos que no han tenido oportunidad de ver a Piazzolla en acción en un concierto. Consideramos que ese es el mejor homenaje que se le puede tributar. Para eso el Quinteto Astor Piazzolla interpreta los arreglos originales del mítico quinteto. Los actos, conciertos y celebraciones para festejar el centenario comenzarán el 10 de enero de 2021 y se extenderán hasta el 11 de marzo de 2022.

Los conciertos que se han proyectado incluyen dos programas distintos. Uno con presentaciones del QAP, y otro que alterna las interpretaciones del quinteto con obras académicas de Piazzolla para orquesta, una de ellas con solista de bandoneón. El QAP recorre con su repertorio el extenso mundo creativo del compositor. La idea de combinar la producción académica con la popular permite contrastar en el mismo concierto las diferencias y similitudes de los dos tipos de obra. 

Astor se prodigó una excelente formación musical y durante toda su vida compuso para los dos campos musicales, el popular y el académico. Pero sus intereses se inclinaron a una u otra música de manera pendular. En una primera etapa compuso casi solo música clásica. En la etapa intermedia solo pocas obras académicas, en tanto que sus composiciones, grabaciones y actuaciones con el Nuevo Tango fueron muy numerosas. En la tercera y última etapa hubo cierto equilibro entre las composiciones para ambos campos.

Las obras académicas fomentaron sin duda el prestigio internacional de Piazzolla. La Fundación Astor Piazzolla, que creó y conduce Laura Escalada Piazzolla, realizó diversas actividades y proyectos que apoyaron la difusión de su música de concierto. Pero más allá de esas puntuales y oportunas acciones, las obras académicas circulan por su propio atractivo y son requeridas por directores y salas de concierto, por lo que los esfuerzos de la Fundación se centralizaron con más ahínco en el QAP, creado en 1998, que viene realizando una intensa campaña desde la incorporación, como productor, en 2017, de Darío Vaccaro, quien confirió un nuevo impulso a las actividades del grupo, llevando a cabo una nutrida agenda internacional de conciertos y la edición programada de cuatro CDs, con la mira puesta en la culminación en este año celebratorio. El primero de ellos, “Revolucionario”, obtuvo el Premio Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum de Tango en 2019, en tanto que los otros tres ya han sido grabados y están en distintas instancias de producción y distribución.

Para los conciertos del centenario del nacimiento de Astor, Julián Vat, el director musical del QAP, ha recurrido a veintiséis composiciones originales que corresponden a un amplio lapso que va de 1953 a 1989. La enorme variedad de la música, su sorprendente estructura y sonoridad, su riqueza rítmica, y las transcripciones que la han convertido en música de cámara interpretada en todo el mundo, hacen de esta obra un cantero inagotable de emociones, pulsiones, imágenes identitarias o abstractas. La selección que interpretará el QAP es una gran puerta de acceso al universo piazzolliano, que con seguridad incitará al oyente a explorar ese vasto mundo.

Piazzolla fue llevando a cabo la conquista de su público internacional en primer lugar a través de los músicos de otros países. Cuando fue a París en 1954 a estudiar con Nadia Boulanger, encontró que sus composiciones eran interpretadas por los acordeonistas franceses.  Dizzy Gillespie visitó la Argentina en 1956, pudo escuchar al Octeto Buenos Aires, dirigido por Piazzolla, y quedó sumamente impresionado; no podía creer que toda la música que sonaba estuviera escrita, que nada fuera improvisado. Gillespie comenzó a difundir esa música entre sus colegas. En 1965, cuando Astor realizó una gira por Washington y Nueva York, se encontró con muchos músicos de jazz que lo conocían, lo admiraban y lo consideraban un músico de culto. Con los años, su fama se hizo cada vez más sólida. No conocer su música era un signo de ignorancia musical. 

Piazzolla se radicó en Milán en 1974 y en 1978 comenzó a realizar giras sistemáticas por Europa, Estados Unidos y Japón con un nuevo quinteto. Para entonces era casi una leyenda viviente y pudo conquistar personalmente todo tipo de público. Baste una anécdota para retratar su magnetismo personal en escena y el poder de su música. En el Festival Internacional de Jazz de Montreux, en julio de 1986,  el quinteto debió salir a tocar, junto con el vibrafonista Gary Burton, inmediatamente después de una incandescente presentación de Miles Davis. Tras diez minutos de silencio y atención, el público estalló en aplausos y entusiasmo. Fue uno de los hitos más recordados por Astor en su larga experiencia. 

Con respecto a las obras que interpretará el QAP, todas tienen un contexto y una historia particular. Señalemos algunas. Triunfal es una pieza de 1953, emblemática de la época en que en la obra de Piazzolla había cierta conexión entre su música neoclásica y su tango; la grabó luego en 1960 con su primer quinteto. Verano porteño (1965) es puro Nuevo Tango; pensado como música de Buenos Aires, es íntimamente pregnante, obsesivo, con un sector central lento de gran vuelo lírico. Milonga del Ángel (1965) se destaca como una de las melodías más sutiles y bellas que ha compuesto Astor. Mantiene su tempo moderado a lo largo de toda la obra, con espacio para inesperados clímax. Buenos Aires hora cero (1962) es una incursión en el paisaje sonoro de una Buenos Aires nocturna, con su misterioso walking bass y su casi permanente estatismo armónico. En línea con su título, Milonga loca (1984) consiste en una especie de grotesco de milonga, que contrapone un área de ambigüedad tonal con otra de claro anclaje tanguístico. Camorra II (1988) es parte de una trilogía que constituye algo así como su testamento para el quinteto. De gran complejidad y muy intensa, conjuga su sabiduría tanguera tradicional con toda la experiencia del Nuevo Tango.

En cuanto a las composiciones académicas que se presentarán, seguramente el público de las salas de concierto estará más familiarizado con ellas que el de música popular, pues se interpretan con frecuencia y regularidad. Algunas son breves e ideales para complementar un programa contemporáneo; otras permiten integrar conciertos monográficos, y en casi todas hay una presencia de tango pasado por un sutil filtro de distinción, que sirve para dar variedad e incorporar un toque de exotismo en los programas, incluyan o no como solista al bandoneón.

En los conciertos que el QAP comparte con un programa académico, figuran tres obras orquestales representativas de distintas etapas creativas: Tangazo (1970), Suite Punta del Este (1980), y un arreglo de Adiós Nonino para bandoneón y orquesta de cuerdas que Piazzolla realizó para poder incluir su icónica pieza en sus conciertos como solista. 

Tangazo corresponde a la etapa media de su obra. Consta de un solo movimiento –instrumentado para maderas, cornos, cuerdas, piano y percusión– y dura aproximadamente catorce minutos. Comienza con una sección lenta a cargo de las cuerdas, con ritmo neutro. El movimiento consta luego de tres secciones: allegro, lento, allegro y una coda. La melodía del allegro sostiene por sí misma el carácter de tango hasta que todo el contexto se vuelve más tanguístico. Corresponde a una estética neoclásica, y se diferencia de las obras académicas del período anterior, también realizadas con material tanguístico, en que los rasgos que se incorporan pertenecen al Nuevo Tango.

La Suite Punta del Este,  para cuerdas, maderas y bandoneón solista, pertenece a la última etapa. Es un homenaje a la ciudad costera uruguaya que había elegido como su lugar en el mundo, donde componía, descansaba y se embarcaba para pescar tiburones.  La concepción estética sobre la que se construye compositivamente esta obra implica un viraje con respecto a la etapa anterior. Tangazo por ejemplo, estaba realizada con elementos de tango, pero su tratamiento era distanciado respecto del género y no incluía bandoneón. En esta suite, Piazzolla superpone un discurso bandoneonístico de Nuevo Tango a un acompañamiento despojado y armónicamente ambiguo.

La característica más distintiva de sus últimas obras orquestales, como la Suite Punta del Este, fue la incorporación del bandoneón solista en todas las obras para orquesta. La interpretación inicial de los solos estuvo a cargo del propio Piazzolla, quien, así como en la década de 1960 impuso su identidad de intérprete adoptando la posición de pie para tocar el bandoneón, en la década de 1980 la trasplantó a las salas de concierto. Amplió de esa forma la construcción de su imagen de intérprete/compositor de un instrumento insólito, al menos en el campo internacional, interpretando una música que resultaba exótica para las salas de concierto. La mezcla que plantea es rica: orquesta académica con instrumento popular, composición prescriptiva para la orquesta y desempeño tanguístico con margen para cierta improvisación para el solista. El resultado fue muy efectivo y cautivó al público, que aún aprecia escuchar esas obras interpretadas por otros bandoneonistas que han asumido su legado.

La tercera pieza con orquesta es una versión de Adiós Nonino, su obra emblemática, una elegía, como es sabido, compuesta con motivo de la muerte de su padre, quien había sido su gran mentor, impulsándolo hacia la música desde niño. Comienza con la primera sección del tema con un acompañamiento muy rítmico de la orquesta, para pasar enseguida al sector lento que expone el dramático tema central con una suntuosa orquestación que da relieve a los intrincados fraseos tanguísticos del solista. Es el único caso en el que el propio Piazzolla adaptó una obra de sus creaciones populares para la sala de concierto.

 En una visión retrospectiva, podemos decir que la importancia de Piazzolla en el tango ha sido fundamental. Fue la figura dominante artísticamente entre 1955 y 1990. Si el tango es la carta de presentación de la identidad y la música rioplatense, Piazzolla resulta, con su bandoneón, un ícono indiscutido, tal vez a la par de Carlos Gardel. Su legado inspira a intérpretes de todo el mundo, que lo interpretan en arreglos para todo tipo de instrumentos. La obra de cámara de Piazzolla ha sido incorporada al repertorio de los principales instrumentos solistas e interpretada por los artistas más consagrados, como Yo-Yo Ma, Mstislav Rostropovich, Salvatore Accardo, Roberto Aussel, Gidon Kremer,  Martha Argerich, Emmanuel Pahud y muchos otros. Su obra orquestal ha sido grabada por grandes orquestas como la Camerata Bariloche, y en Europa la han registrado importantes directores, como Gabriel Castagna, Josep Pons, y Charles Dutoit.

Los conciertos del centenario buscan acercar al público una visión integral de Astor Piazzolla como un actor musical relevante del Siglo XX cuya música de Buenos Aires interpela a músicos y auditorios de todo el mundo. 

 

Omar García Brunelli

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